Un platillo mal hecho por una comanda mal leída cuesta el ingrediente, el tiempo de rehacerlo, y casi siempre un cliente esperando de más. La mayoría de esos errores tienen el mismo origen: la comanda pasó por demasiadas manos antes de llegar a cocina.
El mesero captura una vez en su celular o tablet; cocina lo ve tal cual, sin pasar por una transcripción de por medio.
Cada ronda llega ya separada por estación — cocina, barra o postres — sin que nadie tenga que repartir el papel.
No existe una versión física que se pueda perder entre la mesa y la cocina.
"Sin cebolla" o "término medio" quedan capturados igual cada vez, sin depender de la letra de quien tomó el pedido.
Ver el detalle completo en sistema de comandas digitales.